























Una mesa que sabe desdoblarse: las mesas nido son conjuntos de dos o tres mesas de distinto tamaño que se guardan unas dentro de otras. En el día a día ocupan poco, y cuando llegan visitas las repartes por la estancia para que cada persona tenga dónde dejar su vaso o su plato. Eso las convierte en un mueble muy práctico para salones pequeños.
Lo habitual es que formen un juego de alturas escalonadas, de modo que la pequeña quepa bajo la grande. Hay versiones redondas, cuadradas y rectangulares, y a veces combinaciones con tableros de formas distintas. Algunos juegos incluyen bandejas extraíbles, otros cestas o huecos abiertos. Las mesas nido pueden sustituir a la mesa de centro, acompañar al sofá o hacer de mesita de noche.
Lo interesante llega al mezclar materiales. Un juego con un tablero de roble y otro de metal negro o cristal ahumado resulta vivo y a la vez sereno. Si te gusta lo natural, elige ratán o madera de mango; para un aire elegante, efecto mármol y cantos de latón. Prueba a colocarlas ligeramente desplazadas en lugar de encajadas del todo: surge un escalonado atractivo que luce especialmente con unas velas y una pequeña planta.
Lo que cuesta un juego depende del material, del número de mesas y de la estabilidad. Los tableros macizos, las estructuras con pintura en polvo y los acabados cuidados elevan el precio, igual que los diseños de autor. Fíjate en que las patas sean firmes para que incluso la mesa más pequeña quede segura.
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