























Un jardín empieza a sentirse como una habitación propia cuando tiene límites. Las vallas te dan intimidad, protegen del viento, mantienen a niños y mascotas dentro de la parcela y, bien elegidas, aportan mucho más que una simple separación.
Las posibilidades son variadas. Las vallas clásicas de madera, de listones o de estacas, transmiten calidez y naturalidad. Los paneles de malla electrosoldada de doble varilla son robustos y se completan con lamas de ocultación o con trepadoras. Los paneles de ocultación de madera, composite o aluminio crean muros cerrados junto a la terraza o en el linde de la parcela. Para balcones y espacios pequeños hay pantallas de tela, cañizo, bambú o mimbre, además de biombos móviles y jardineras con celosía. Los gaviones, cestas metálicas rellenas de piedra, tienen un aire actual y amortiguan el ruido.
El material y el color cambian mucho el efecto. El alerce y el abeto Douglas adquieren con el tiempo un gris plateado, mientras que la madera tratada con lasur mantiene su tono más tiempo. El composite apenas pide cuidados y el aluminio en antracita tiene un aire arquitectónico. Una idea de estilo: alterna tramos cerrados con celosías abiertas para que el límite no resulte macizo, y deja que una clemátide o un rosal trepador lo conviertan en una pared verde.
El precio depende del material, la altura, la longitud, la solidez, el sistema de postes y el trabajo de montaje. Los sistemas metálicos y de aluminio suelen costar más que la madera, a cambio de una vida útil larga. Antes de instalar, consulta la normativa de tu municipio sobre alturas en lindes.
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