























Estar fuera y sentirte a salvo de miradas no siempre es fácil cuando los vecinos, la calle o las ventanas de enfrente están cerca. Las pantallas de privacidad crean en el jardín, la terraza o el balcón un marco protegido donde relajarte sin sentirte observado. Además frenan el viento y dan al espacio una estética propia.
Las telas de ocultación de tejido o ratán sintético se fijan a la barandilla o a la valla y se montan rápido, a menudo con bridas o cuerdas. Los rollos de bambú, cañizo o mimbre resultan especialmente naturales. Los toldos laterales se extienden y se recogen, ideales si solo necesitas protección a ratos. Los biombos y las celosías son flexibles y se pueden cubrir con trepadoras, mientras que los paneles de madera o composite delimitan el jardín de forma más permanente. Si vives de alquiler o en comunidad, consulta antes qué fijaciones y colores están permitidos.
Los materiales naturales como el bambú o el mimbre aportan un ambiente cálido y veraniego y con el tiempo adquieren un gris suave. Las telas en arena, antracita o verde combinan bien con cojines y plantas. Un consejo: coloca delante de la pantalla unas macetas con gramíneas o lavanda, así la superficie se aligera y no parece un muro. Con una guirnalda de luces encima, por la noche se crea un ambiente acogedor.
Lo que inviertas depende del material, la longitud, la resistencia a la intemperie y el mecanismo. Las telas y los rollos sencillos son económicos; los toldos laterales y los trenzados de calidad cuestan más.
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