























Una barandilla llena de geranios, un alféizar con tomillo perfumado o una hilera de gramíneas meciéndose con el viento: las jardineras de ventana llevan color a alturas que de otro modo quedarían vacías. Son ideales cuando falta espacio en el suelo o quieres dar a tu fachada un aire más amable.
Son alargadas y estrechas, normalmente de entre 40 y 100 centímetros de largo. Hay modelos para apoyar en el alféizar o en un muro y otros con soportes para colgar de la barandilla del balcón. Los depósitos de agua en el fondo alargan mucho los intervalos de riego, algo que se agradece en pleno verano. Los indicadores de nivel te avisan de cuándo rellenar, y las bandejas interiores de plástico facilitan el cambio de plantas al pasar de una estación a otra.
Material y color deciden si la jardinera pasa desapercibida o se deja ver. El plástico es ligero y económico, la terracota clásica y algo rústica, la madera de alerce o acacia aporta naturalidad y encaja en fachadas de estilo campestre. Las jardineras de zinc o de acero lacado en antracita o blanco resultan modernas y gráficas. Un consejo: combina en cada jardinera una planta alta, una media y una colgante, por ejemplo lavanda, salvia y verbena rastrera, y ganarás profundidad. Dos o tres jardineras iguales en fila se ven más serenas que una mezcla de modelos.
En el precio cuentan la longitud, el material, el grosor de las paredes, el depósito de agua y la calidad de los soportes. En el balcón, asegúrate de que la sujeción sea firme, sobre todo con viento.
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