























Recoger rabanitos sin agacharse y plantar las primeras lechugas a finales de invierno: los mini invernaderos y bancales elevados hacen el huerto más cómodo y adelantan la temporada. Además, unos bancales bien construidos son preciosos y dan al jardín una estructura clara.
Los bancales elevados alcanzan una altura de trabajo de unos 70 a 90 centímetros y se rellenan por capas, desde ramas abajo hasta tierra fina arriba. La descomposición en su interior genera calor, que favorece el crecimiento. Los semilleros cubiertos o cajoneras son más bajos y llevan una tapa de vidrio o policarbonato que funciona como un mini invernadero y protege los plantones del frío. Hay combinaciones en las que colocas una tapa de este tipo sobre el bancal, y modelos estrechos con patas que caben también en el balcón o la terraza.
La madera es el material favorito, sobre todo el alerce y el pino Douglas, que aguantan mucho sin tratamientos químicos. Una lámina de nódulos en las paredes interiores protege además la madera de la humedad. Los bancales de acero galvanizado o corten resultan modernos y duraderos, y los de composite apenas piden cuidados. Para una imagen ordenada, alinea varios bancales iguales y deja entre ellos caminos de grava o astillas de madera. Una celosía en la parte trasera ofrece apoyo a judías o capuchinas.
Los precios varían según el material, el grosor, el tamaño, la altura y extras como el borde antibabosas, la tapa o la malla contra topillos. Los bancales robustos de madera dura o metal duran muchos años y justifican una inversión inicial mayor.
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