























Cuando se apaga la luz grande, a veces basta con un pequeño resplandor para que la oscuridad deje de imponer. Las lámparas nocturnas dan seguridad a los peques al dormirse, ayudan en ese paseo nocturno al baño y te facilitan dar el pecho o cambiar un pañal sin despertar a toda la habitación.
Hay luces de enchufe con sensor crepuscular, lámparas inalámbricas con batería en forma de animal que se encienden con un toque, proyectores que llenan el techo de estrellas y luces con temporizador que se apagan solas pasado un rato. Algunos modelos reproducen nanas o sonidos de la naturaleza; otros se pueden llevar en la mano como una pequeña linterna.
Lo importante es una luz suave y cálida. Los tonos rojizos y el blanco cálido alteran menos el sueño que el azul frío. La silicona es blanda, irrompible y fácil de limpiar; la madera y la cerámica resultan naturales. Comprueba que la alimentación sea segura, sobre todo en los modelos de batería, y que la intensidad se pueda regular. Un consejo de estilo: no pongas la lámpara nocturna justo al lado de la almohada, sino en una estantería o una cómoda a la vista. Así está presente sin deslumbrar y de día se convierte en un bonito objeto decorativo.
Las diferencias de precio vienen del material, la autonomía de la batería, funciones como temporizador o sonidos y el diseño. Las luces de enchufe sencillas son económicas; las lámparas nocturnas de diseño en silicona o madera cuestan algo más.
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