























Sobre el sofá, en la cocina junto a la balda de los libros de recetas o en el despacho encima del escritorio: los relojes de pared son compañeros silenciosos a los que miras incontables veces al día. Por eso merece la pena elegir uno que no solo dé la hora, sino que también embellezca la pared.
El clásico reloj redondo sigue siendo la forma más habitual, y junto a él hay modelos cuadrados y ovalados, relojes de péndulo, relojes de cuco y relojes de diseño libre cuyos números se pegan uno a uno en la pared. Existen relojes de cocina con temporizador, relojes radiocontrolados que cambian solos de horario y relojes XXL que definen una pared entera.
Los materiales definen el carácter. La madera clara y el fieltro resultan nórdicos, el hormigón y el metal negro urbanos, y el vidrio y el cromo sobrios. Los modelos retro con carcasa de color llenan la cocina de alegría. Un consejo de composición: elige el tamaño en proporción a la pared. Sobre un aparador ancho, el reloj puede tener sin problema 50 o 60 cm de diámetro, mientras que en una cocina pequeña bastan 25 cm. Combínalo con dos o tres cuadros colgados de manera desenfadada y pasará a formar parte de una galería.
En el precio cuentan el mecanismo, el diámetro, la calidad de los materiales y el diseño. Los relojes de cuarzo son económicos y los radiocontrolados cuestan algo más. Los mecanismos silenciosos, la madera maciza, el vidrio auténtico o los diseños de autor conocidos elevan el precio, y los relojes de péndulo con maquinaria mecánica juegan en otra liga.
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