























Una alfombrilla de baño es lo primero que sienten tus pies al salir de la ducha. Absorbe el agua, evita resbalones sobre los azulejos mojados y suaviza un espacio marcado por superficies duras. A menudo es, además, la mancha de color textil más grande del baño, así que elegir bien tus alfombras y alfombrillas de baño cambia mucho el conjunto.
Las hay de muchas formas: rectangulares delante de la bañera o el plato de ducha, redondas u ovaladas como una isla mullida junto a una bañera exenta, o alargadas para baños con doble lavabo. Los tamaños pequeños, en torno a 50 por 80 centímetros, encajan frente a un lavabo individual, mientras que a partir de 70 por 120 centímetros el suelo casi parece el de un salón. Muchos modelos son aptos para suelo radiante y una base antideslizante es habitual e importante para tu seguridad.
La superficie define la sensación. El pelo largo de microfibra es esponjoso y muy absorbente, mientras que las alfombras planas de algodón secan antes y tienen un aire ligero y nórdico. Los modelos con relieve, rayas o rombos aportan textura y la viscosa de bambú ofrece un brillo sedoso. Los tonos naturales dan calma, y una alfombra en ocre, terracota o verde bosque crea un contraste buscado frente a azulejos blancos. Repite su color en una toalla o en una jabonera y el baño parecerá pensado al detalle.
El precio depende del tipo de fibra, la altura del pelo, la densidad, el tamaño, el revestimiento trasero y el diseño. Comprueba que admita lavados a temperatura alta para mantenerla limpia e higiénica.
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