























Un plaid suele ser el primer textil que las visitas notan en tu sofá. Echado con soltura sobre el brazo o bien doblado sobre el asiento, muestra cuánta atención prestas a los pequeños detalles y convierte un mueble funcional en un lugar que invita. Precisamente por eso los plaids gustan tanto.
Suelen ser algo más pequeños y ligeros que las mantas clásicas, con medidas típicas en torno a 130 por 170 centímetros. Un plaid te calienta las rodillas mientras lees o los hombros en la terraza, aunque a menudo su papel principal es decorativo. Encontrarás modelos de punto con ochos, piqués tipo gofre finos, versiones tejidas con flecos y plaids de muselina, ligeros como el verano.
Los materiales definen su carácter. El algodón resulta fresco y fácil de cuidar, el lino aporta un look relajado con su arruga natural, y las mezclas con lana o alpaca dan un volumen cálido. Dibujos como la espiga, la pata de gallo o las rayas anchas dan personalidad a un sofá liso. Un truco bonito es elegir el color del plaid a partir de un detalle de la habitación, como el terracota de una maceta o el azul de un jarrón de cerámica, para que todo forme parte del mismo relato.
Las diferencias de precio vienen del tipo de fibra, la técnica de tejido y la confección. Un plaid tejido a mano en lana virgen con flecos bien anudados está por encima de un modelo industrial de tejido mixto. El algodón certificado o los puntos especialmente densos también pueden influir en el precio.
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