















La cocina en planta baja, la ventana del baño que da a la calle, la puerta con cristal: allí donde necesitas intimidad pero no quieres una cortina hasta el suelo, las cortinas de café brillan, porque cubren solo una parte de la ventana y dejan entrar la luz por arriba. Al mismo tiempo, dan al espacio un encanto algo nostálgico.
Normalmente se fijan directamente en la hoja de la ventana o en el marco. Lo habitual son barras finas de presión, adhesivas o atornilladas, en las que ensartas la tela por una jareta o con trabillas. La altura varía, y lo típico ronda entre 30 y 60 centímetros. Hay modelos de corte recto y otros con forma de arco, que bajan o suben en el centro.
Los tejidos suelen ser ligeros y semitransparentes: gasa, batista, lino o algodón con bordado calado. En un ambiente rústico, unas cortinas de café con encaje fino resultan románticas, mientras que en una cocina moderna encaja una sencilla tira de lino en blanco natural. Prueba un cuadro vichy suave en verde salvia o azul claro sobre una ventana de madera: queda fresco y con aire artesanal.
Suelen ser económicas porque requieren poca tela. El precio sube con las fibras naturales, los bordados o los trabajos de encaje, y con la calidad de la barra de sujeción. Si quieres vestir varias ventanas, merece la pena revisar distintas propuestas.
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