























De día recogen el sol y por la noche lo devuelven en forma de luz: las luces solares son la manera más sencilla de iluminar jardín, balcón o terraza. Sin cables, sin electricista y sin factura de la luz, basta con colocarlas y disfrutar de cómo el exterior adquiere otro ambiente al anochecer.
La variedad es enorme. Hay luces solares con pica para los parterres, balizas para caminos, apliques con sensor de movimiento, faroles para colgar o apoyar, guirnaldas para la pérgola y la barandilla del balcón, esferas luminosas e incluso números de casa iluminados. Los modelos actuales almacenan la energía en baterías, se encienden solos gracias a un sensor crepuscular y algunos ofrecen varios niveles de intensidad o modos de color.
El rendimiento depende sobre todo de la placa, la capacidad de la batería y la ubicación. Las placas monocristalinas son más eficientes y las baterías sustituibles alargan la vida útil. En invierno y a la sombra la autonomía es menor, algo a tener en cuenta. En cuanto al diseño, hay desde faroles metálicos troquelados que proyectan sombras preciosas hasta acabados efecto ratán o acero inoxidable sobrio. Una idea: agrupa varios faroles a distintas alturas en la escalera de la terraza; parecerá luz de velas y sin ningún riesgo.
El precio depende de la potencia de la placa, la calidad de la batería, el material, la luminosidad y las funciones extra. Los modelos económicos son bonitos para dar acentos; los de mayor calidad iluminan de forma fiable durante más horas.
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