























A la altura de la rodilla, de formas limpias y con una luz que cae justo donde pisas: las balizas son las guías silenciosas del exterior. A lo largo de caminos de jardín, accesos de entrada y bordes de terraza dan orientación y aportan a la parcela, por la noche, una estructura tranquila y casi arquitectónica.
Las alturas habituales van de unos 30 a 100 centímetros. Las balizas bajas encajan junto a parterres y senderos estrechos; los modelos más altos, en accesos para coches y entradas. Las hay redondas y cuadradas, con emisión en todas direcciones o con la luz dirigida hacia abajo o hacia un lado, lo que evita deslumbramientos y respeta la oscuridad de la noche. Las versiones con sensor de movimiento, enchufe o placa solar amplían sus funciones.
Como están tan cerca del suelo, necesitan resistir salpicaduras, golpes del cortacésped y heladas. Conviene un grado de protección a partir de IP44, mejor IP54 o IP65. El aluminio y el acero inoxidable son duraderos, el antracita se integra en jardines modernos y el acero corten aporta tonos óxido cálidos que quedan de maravilla con gramíneas y madera. Una idea de estilo: coloca las balizas al tresbolillo en lugar de en una fila rígida; resulta más natural y guía la mirada con suavidad por el jardín. Con luz blanca cálida el ambiente se vuelve más acogedor.
El precio depende de la altura, el material, la tecnología de iluminación, los sensores y el trabajo que requieran el cableado enterrado y la base. Las balizas solares se colocan con facilidad; las de instalación fija son más potentes y duraderas.
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