























En el taller, el trastero o el garaje lo que cuenta es una luz clara y amplia, para que los proyectos salgan bien y nada quede en sombra. Los tubos fluorescentes fueron durante décadas la solución habitual, y en muchas casas siguen colgadas sus regletas. Si quieres sustituir un tubo fundido o modernizar la iluminación, aquí tienes el mejor punto de partida.
Los tubos fluorescentes clásicos se distinguen por su diámetro, por ejemplo el T8, de unos 26 milímetros, o el T5, más estilizado. Son importantes la longitud, la potencia y el casquillo, normalmente G13 o G5. Como alternativa existen tubos LED en el mismo formato, que en muchas pantallas funcionan tras cambiar el cebador o adaptar el cableado. También encuentras tubos circulares compactos y regletas bajo mueble para la cocina o el cuarto de manualidades.
El color de la luz suele indicarse con un código: 827 significa blanco cálido con buena reproducción cromática, 840 blanco neutro y 865 una luz parecida a la del día. Para manualidades, pintura o restauración de muebles, lo ideal es un blanco neutro con un índice de reproducción cromática alto, porque así ves los colores tal como son. En una zona de estar, en cambio, los tubos resultan más bien fríos, y ahí compensa un tono cálido.
El precio depende del tipo, la longitud, el color de la luz y la calidad de la marca. Los tubos LED cuestan algo más al principio, pero ahorran energía y no contienen mercurio. Los tubos fluorescentes usados no van a la basura doméstica, sino a un punto limpio.
Antes de comprar, comprueba la longitud, el casquillo y la reactancia de tu pantalla. En homelivio.es puedes comparar tubos fluorescentes y alternativas LED de distintos proveedores y dejar tu luz lista para los próximos proyectos.










































































