























Una mesa larga, velas, flores y sillas vestidas con telas claras: las fundas para sillas convierten una mesa corriente en una escena de celebración. Pero no son solo cosa de bodas y cumpleaños. En el día a día protegen las sillas tapizadas del comedor de las manchas y dan una imagen unificada a una colección de sillas desparejadas.
Hay fundas que cubren la silla entera hasta el suelo y versiones más cortas que envuelven solo el asiento y el respaldo. Las elásticas se adaptan a muchas formas y quedan tersas, mientras que las de corte amplio con lazo en la espalda resultan románticas. Las fundas solo de asiento, con goma o cintas, son una opción discreta para el uso diario. Lo importante es que la forma y la altura del respaldo encajen con la funda.
El tejido elástico es fácil de cuidar y apenas se arruga, el lino y el algodón resultan naturales y elegantes, y el satén, festivo. Para celebraciones, las fundas se combinan con cintas, fajines o flores secas. En el día a día, una funda efecto lino y un camino de mesa del mismo material crean un comedor armonioso. Sillas distintas, de madera o de metal, se funden así en un conjunto sereno.
El precio depende del material, el corte y el número de unidades. Las fundas elásticas suelen venderse en packs y salen económicas, mientras que el lino y los modelos de patronaje especial cuestan más. Para grandes celebraciones conviene comparar lotes, porque el gasto se acumula rápido.
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