























Un cojín con forma de nube, otro con orejas de conejo o simplemente un almohadón blandito para el rincón de lectura: los cojines infantiles son pequeños compañeros que consuelan, ayudan a construir cabañas y dan a la habitación un toque cariñoso. Muchas veces se convierten en ese objeto favorito que tiene que ir a todas partes.
En general distinguirás entre almohadas para dormir y cojines decorativos. Las almohadas para los peques son más planas que las de adulto, a menudo de unos 40 x 60 centímetros, y durante el primer año de vida del bebé se suele prescindir de ellas por completo. Los cojines decorativos llegan con forma de animal o de estrella, como cojines de suelo para sentarse, como cuellos de rulo para la cama o el sofá y como chichoneras que enmarcan el espacio de descanso.
En cuanto a materiales, merece la pena elegir fundas lavables de algodón, muselina o pana. Los rellenos de poliéster son fáciles de cuidar y muchas veces admiten lavado a 60 grados, mientras que los naturales como el kapok o la cascarilla de espelta resultan agradables pero piden algo más de atención. Una idea de estilo: agrupa tres cojines de distintos tamaños y texturas, por ejemplo uno de lino liso, otro de punto y una figura, sobre la cama o dentro de la tienda de juegos. Superficies diferentes en tonos parecidos transmiten una elección pensada.
En el precio influyen el material, el relleno, el tamaño, el trabajo artesanal y las certificaciones. Un cojín decorativo suelto suele ser asequible, mientras que los grandes cojines de suelo o las figuras cosidas a mano cuestan más.
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